miércoles, 21 de abril de 2010

Al rescate de Garzón

“Garzón se sienta en el banquillo por investigar los crímenes del franquismo”. Me entraría la risa floja si no fuera por lo siniestro del mensaje que no he dejado de escuchar durante las últimas semanas. Que es una falacia la existencia de una venganza de los franquistas lo saben desde el propio Garzón hasta Zapatero, pasando por Méndez, Toxo, Berzosa y Jiménez Villarejo. Pero por mucho que la izquierda carca y rancia mienta, manipule y se empeñe en hacer ver a la opinión pública un resurgir del franquismo en forma de venganza contra un juez, verdad sólo hay una, y es que Garzón será juzgado por el más grave delito que puede cometer un juez: la prevaricación. El juez estrella, ahora estrellado, se sentará en el banquillo por ignorar sus propias competencias como juez, por saltarse a la torera la extinción de responsabilidad penal por fallecimiento, por tomarse los plazos de prescripción de nuestro Código Penal por el pito del sereno y por hacer la vista gorda con la vigente Ley de Amnistía votada en las Cortes Españolas en 1977. Precisamente la misma ley por la que Santiago Carrillo no se encuentra en prisión pagando por sus innumerables crímenes. También ignoró la ley que le impedía grabar conversaciones en el caso Gürtel , así como la que le obligaba a apartarse de la causa que archivó contra Botín después de recibir una pasta gansa para financiar unos cursos en Nueva York. Un sinfín de fechorías que le van a costar, si todo va bien, su expulsión de la Judicatura, convirtiéndole, dicho sea de paso, en un mártir para nuestros neo - antifranquistas.

La izquierda, ante esta situación, no podía quedarse con los brazos cruzados. Era de esperar. Tenía que echar una mano a su juez preferido. El espectáculo empezó la pasada semana en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense. Allí, la izquierda dejó claro, por si alguien tenía alguna duda, que es la única fuerza legítima para gobernar. Legitimada para acusar a los miembros del Tribunal Supremo de torturadores y cómplices de la dictadura. Legitimados para hacer gala de una superioridad moral que les coloca por encima de los que no comparten sus ideas políticas. ¿No es eso el auténtico fascismo? Lo pregunto porque pude ver multitud de pancartas con el lema “Fuera fascistas”. El show ya se ha repetido en otras facultades. Ha cambiado sólo el escenario porque el acto ha sido igual de vergonzoso. Hasta Zapatero ha tenido que disimular pidiendo respeto al poder judicial. Vamos, como si no supiéramos que ha sido él y su Gobierno los instigadores de la campaña guerracivilista que comenzó él mismo con su famosa Ley de Memoria Histórica.


viernes, 26 de marzo de 2010

El liberalismo americano en peligro

Empecé a tener conciencia política alrededor de los 18 años, poco antes de terminar el bachillerato. En aquella época empecé a crearme una imagen de los Estados Unidos que no tiene nada que ver con la que tengo hoy día. Esa imagen distorsionada que conservé varios años fue el resultado de las opiniones que me llegaban de personas que hoy consideraría antiamericanas y a las que tacharía de progres resentidas. Reconozco que tomé, sin rechistar, sus declaraciones como verdades indiscutibles. Recuerdo a estas personas decir, sin ningún complejo, que era una vergüenza que un país como Estados Unidos, la primera potencia mundial, careciera de un sistema sanitario público. En la actualidad, esas personas, creo que siguen defendiendo lo mismo. Yo, al contrario, he cambiado de idea.

Han tenido que pasar varios años y muchos libros por mis manos para darme cuenta de que lo que me contaban no era más que propaganda barata antiamericana. En Estados Unidos la gente no se muere por no tener dinero para pagar la factura. Nadie acude a un hospital con la cabeza abierta y antes de atenderle le piden una póliza de seguros o el saldo de su cuenta corriente. Hoy sé que un 85% de los americanos dispone de un seguro médico privado y que el 15% restante decide, en su mayoría, no pagarlo. A la minoría que no puede costearlo no se les niega la asistencia, incluso disponen del Medicare (algo similar a nuestro sistema de Seguridad Social y que da cobertura a ancianos y personas con alguna discapacidad) y de la caridad privada que, en general, funciona muy bien. Pero además sé lo más importante: que los americanos tienen la capacidad de elegir en qué emplear su dinero. Nosotros, en cambio, no disponemos de esa libertad.

A los españoles, al igual que a la mayoría de los ciudadanos de los países europeos, se nos retira obligatoriamente un dinero de nuestro sueldo para pagar nuestra sanidad. Si después, no estando satisfechos con el servicio público que se nos da a cambio de nuestras aportaciones, decidimos pagar un seguro sanitario privado, podemos hacerlo sin ningún problema, pero, por supuesto, habiendo antes pasado por la caja estatal. Si una persona desea no pagar la Seguridad Social y renunciar a sus servicios, legalmente no puede. Es imposible.

Hoy admiro a los americanos. Ellos aún ven al Estado como un poder del que desconfiar. Carecen de ese sentimiento paternalista tan extendido en Europa. No toleran que el poder estatal les diga cómo tiene que actuar. Por todo esto, es lógico que el 60% de los ciudadanos americanos no apruebe el proyecto sanitario de su presidente. Sin tener en cuenta la subida inevitable de impuestos, el aumento de dependencia del Estado y la disminución de la iniciativa personal que acarreará el proyecto constituyen el motivo principal del rechazo popular a la reforma sanitaria, y que ya está a un paso de ser aprobada.

Obama, como buen socialista, pretende extender los tentáculos estatales sobre la sociedad, aunque para ello tenga que romper con los valores liberales en los que siempre se han fundamentado los Estados Unidos. Los mismos valores a los que debe su grandeza histórica el país al que, según se dice, representa.


domingo, 21 de marzo de 2010

Los socialistas y sus impuestos

Nunca terminaré de agradecer a la señora Carmen Calvo que me explicara de forma tan magistral, hace ya algunos años, lo que significa para los socialistas el dinero público. Desde entonces, sé muy bien lo que pasa por la cabeza de uno de ellos cuando se trata de administrar ese dinero que, según dicen, no es de nadie. Por ejemplo, Manolo Chaves, al percatarse de que el dinero de los contribuyentes no tenía dueño, decidió darle uno, que no fue otro que su hijita Paula. También, gracias a las enseñanzas de la señora Calvo, comprendo hoy a Zapatero en su propósito de gastar y gastar sin ningún control. Lo que la ex ministra explicó, en realidad, fue que los socialistas deciden cómo emplear el dinero recaudado a través de los impuestos y su responsabilidad ante su gestión se traduce a cero porque a los contribuyentes lo único que se les exige es que paguen, lo que se haga después con su dinero no es cuenta suya. Esa una de las razones por las que los socialistas a la hora de subir impuestos y de sangrar al ciudadano son implacables. No hay nada que le guste más a un socialista, aparte de decirnos lo que tenemos que hacer, que meternos la mano en la cartera.

El gobierno de Zapatero nos pide a los españoles hacer un esfuerzo de austeridad ante la subida salvaje de impuestos, la última, como ya sabemos, es la subida del IVA. Lo llamativo es que nosotros, los españoles, no vemos ningún esfuerzo por su parte recortando el gasto público. Por todo esto, viene siendo habitual que mi sangre hierva al recordar los ministerios inútiles, los millones de euros destinados a ONGs y a cooperación internacional, los donativos astronómicos a asociaciones de gays y lesbianas de Zimbaue, la deuda condonada a Evo Morales, las subvenciones a los titiriteros y a los sindicatos, los mapas del clítoris de Bibiana o los más de 700 asesores zapateriles, y eso sin contar a las 17 pirañas voraces. Y nuestro presidente diciendo a los españoles que debemos hacer un esfuerzo de austeridad para salir de la crisis. Escandaloso.

Pero, una vez sangrados los ciudadanos a impuestos, cabe preguntarse: ¿es verdad que subiendo dos puntos porcentuales el IVA se recaudará más y se frenará el exagerado déficit público? Por supuesto que no. La economía sumergida va a ser más alta que nunca, el consumo se va a congelar, la inversión se va a frenar en seco y los ciudadanos nos vamos a ver con el bolsillo cada día más vacío y con más dificultades para llegar a fin de mes. No siempre una subida de impuestos supone recaudar más. Al contrario, si los impuestos son muy elevados la gente deja de pagar. Por ejemplo, si una pyme emite actualmente 50 facturas trimestrales y soporta 100, ahora, gracias a la subida del IVA y a la economía sumergida, pasará a facturar un 30% menos en el mejor de los casos, siendo el resto cobrado y pagado libre de IVA. En consecuencia, dicha pyme al ver reducida su facturación pagará menos IVA, menos IRPF y menos Impuesto de Sociedades. ¿Todavía hay alguien que piense que subir el IVA se traduce a recaudar más?