Mientras que los azotes de la crisis son cada día más fuertes, nuestros queridos gobernantes se empeñan en inventar conflictos para después remediarlos con leyes tan injustas como innecesarias. No soy fumadora y nunca me he sentido maltratada o perjudicada por los fumadores que he tenido a mi alrededor. Alguna vez me he marchado de algún local porque se me hacía imposible respirar debido al humo del tabaco, pero no he culpado a los fumadores por ello, en todo caso al propietario por no tener el local bien acondicionado. También he abandonado algún bar por un excesivo olor a fritanga y no he sentido nunca deseos de expulsar de allí a los amantes del pescaíto frito. Y qué decir del olor nauseabundo a cuerpo en descomposición que tengo que soportar a primeras horas de la mañana montada en un vagón de metro. Eso sí que puede matar.No creo que esto sea un nuevo revuelo mediático del Gobierno para camuflar asuntos de mayor importancia. Aquí no hay maniobras de distracción. Los socialistas han decidido convertir a los fumadores en unos apestados, y mañana serán otros. Nada importa que el sector de la hostelería se resienta. Bajarán sus ingresos, se despedirá a personal y los negocios cerrarán, engordando aún más las listas del paro. Lo único importante es que el proyecto de ingeniera social de Zapatero sigue su curso. Esto es sólo una vuelta de tuerca más.

