¿Les suena aquel empresario avaricioso poseedor de una gran fortuna ganada gracias al esfuerzo de otros? Se trata de un hombre cincuentón, con sobrepeso, sentado en un sillón confortable frente a una mesa de despacho sobre la que coloca montañas de billetes. Es una caricatura utilizada por la izquierda para conseguir la papeleta de sus votantes más viscerales. Según los socialistas, abundan lobos voraces sin escrúpulos deseosos por captar corderitos inocentes a los que exprimir para conseguir lucrarse a su costa. Ahora han añadido a este personaje unos matices más sofisticados y han pasado a llamarle “salvaje especulador financiero”. Como si especular con el dinero propio fuera un acto despreciable y hacerlo con el ajeno estuviera libre de toda culpa. Es una de tantas caricaturas creadas para ocultar la realidad. Recordemos: el capitalismo es el causante de todos los males del mundo.Pero aterricemos y plantémonos en la realidad. Ahora ¿Les suena de algo una mayoría de ciudadanos dedicados a trabajar y pagar religiosamente sus impuestos para mantener a una casta minoritaria que dice representarlos? Cuando la ineptitud de esa minoría provoca graves consecuencias sobre los ciudadanos, los primeros siempre se desprenden de todas sus culpas, llegando incluso a acusar de irresponsables a los que los mantienen. Después, hablan de justicia y solidaridad, lo que en nuestro lenguaje se traduce a más impuestos para pagar sus destrozos. Esto no es ninguna caricatura. No es una realidad distorsionada. Es la simple y dura realidad.

Israel lleva más de sesenta años defendiéndose de vecinos que sólo buscan su desaparición. Los árabes nunca han ocultado su intención de destruirlo y de eliminar a los judíos de la faz de la tierra. Y es que el conflicto de Oriente Medio va mucho más allá de ser una lucha de fronteras y de religión. Se trata de un conflicto derivado del antisemitismo y que culmina en un deseo por aniquilar todo aquello que tenga que ver con la libertad.