lunes, 23 de noviembre de 2009

Una verdad (muy) incómoda

Que en todas las profesiones hay sinvergüenzas es por todos bien sabido, y el ámbito científico no iba a ser menos. Muchos de los que un día eligieron una profesión encaminada a la investigación para favorecer a generaciones futuras son capaces de cambiar sus objetivos si se cruzan en el camino oscuros intereses. Hoy veía la luz una información que pone en evidencia a todos esos profesionales del progresismo que llevan demasiado tiempo defendiendo la teoría sobre el cambio climático y cobrando a cambio subvenciones millonarias.

Un hacker ha accedido a los correos electrónicos de unos científicos pertenecientes a uno de los centros de investigación más interesados en demostrar la acción exterminadora que ejerce el hombre sobre la Tierra y que nos está llevando a un calentamiento global. La correspondencia no ha podido ser más reveladora: falsificación de datos, ocultación de pruebas, incluso conspiraciones contra científicos escépticos que no comulgan con la causa calentóloga. Todo vale con tal de mantener a flote todo un tinglado de mentiras que, sin duda, proporcionan grandes beneficios. Ahora sí que Al Gore se va a encontrar con Una Verdad Incómoda.

Hace demasiados años que la idea del calentamiento global comenzó a calar en la sociedad y gobiernos de todo el mundo decidieron destinar grandes sumas de dinero público a la subvención de organismos dedicados a la investigación del tema. Se aceptó una teoría que carecía del consenso de la comunidad científica, muchos eran los que discrepaban acerca de la autenticidad de los estudios. Tal vez no interesaba investigar, se trataba de una mentira muy rentable, tanto para los científicos, que vieron su gallina de los huevos de oro, como para los políticos, que encontraron en la causa un discurso fácil con el que ganar votos a mansalva. Ahora, cuando parece que todo este montaje se viene abajo, ¿asumirá alguien responsabilidades?

Teniendo frescas en la memoria noticias acerca de los montajes fotográficos de Greenpeace, no puedo evitar recordar aquellas declaraciones de miembros de la ONG recién ocurrida la desgracia del Prestige. Afirmaban sin ningún pudor que especies enteras desaparecerían y que tardaríamos décadas en recuperar los hermosos paisajes de la costa gallega. Al año siguiente ya estábamos comiendo percebes sin rastro de chapapote. Pero entonces todo valía por la causa, y como ahora, el fin (la subvención) justifica los medios (los engaños).

Ya han calificado a este fraude como el Watergate climático. Ojalá tenga la repercusión mediática que en su día tuvo aquel escándalo que hizo dimitir al mismísimo Nixon. Por si las moscas, alguno ya estará preparando su discurso. Los legionarios del progresismo ya se sabe cómo se las gastan, siempre actúan con la mejor intención, y su actuación, casualmente, siempre les lleva a llenarse los bolsillos, pero no en el mercado libre, sino a costa del contribuyente. Que los políticos mientan es el pan de cada día, pero que haya científicos amorales capaces de renunciar a cualquier cosa para ponerse a disposición de intereses particulares y causas políticas causa verdadera indignación.


jueves, 19 de noviembre de 2009

Alakranas y calamidades

Después de más de un mes de aventura pirata en aguas del Índico, la cosa ha acabado como nos podíamos imaginar, un país cediendo a las exigencias de unos delincuentes. Y es que en esta clase de negociaciones al Ejecutivo le sobra experiencia. Hemos tenido que ver la inactividad de Chacón, el capricho de Maritere de hacer desfilar a un par de piratas por la Audiencia Nacional, que si la muela dice que es menor, que si ahora mayor, que no, que sí, que si las familias de los pescadores aparecen en los medios haciendo críticas al Gobierno, luego se vuelven mudas en cuanto hablan con ZP, que si nos hacen otra demostración de que Moratinos ni pincha ni corta, en fin, todo un espectáculo dramático.

Afortunadamente, en esta ocasión, la incompetencia del Gobierno no ha costado vidas humanas. Sin embargo, Zapatero no podía dejar pasar la ocasión de hacer quedar a España una vez más como lo que es desde que él es presidente, un cero a la izquierda. Porque, al fin y al cabo, ¿qué significa para el Gobierno la dignidad nacional, la integridad de nuestro Estado de Derecho y la respetabilidad de nuestras instituciones? Esta claro que nada. Si a todo esto añadimos la opacidad informativa con la que ZP ha “gestionado” el secuestro del atunero, el grado de desvergüenza supera cualquier límite. Ni una explicación acerca de los 2,7 millones de euros entregados sin condiciones a una pandilla de piratas somalíes. Eso sí, no debemos hablar del tema, porque, como muy bien a dicho nuestro presidente, “El Gobierno ha hecho lo que tenía que hacer”. Hoy ya comenzábamos a enterarnos del uso que está dando esta gentuza a nuestra limosna: bodas, orgías, drogas, prostitutas, etc. Vamos lo normal. Paga España. Ahora, y como chupinazo final fin de fiesta, nos dicen que hay que alegrarse porque el objetivo era que todos los marineros llegaran a casa en buenas condiciones. De la Vega ya se ha encargado en el Congreso de acusar de estar del lado de los piratas a cualquiera que critique la actuación del Gobierno. Muy bien señora vicepresidenta, si los que no nos creemos ni una palabra de lo que dicen y conocemos su mala fe somos complacientes con los piratas, usted me dirá lo que son ustedes, que siempre se han encargado de financiar a gentuza y negociar con todo tipo de calaña. La indignidad, indecencia y desvergüenza de los miembros del Gobierno no conoce límites.


domingo, 15 de noviembre de 2009

El engaño de la televisión pública

Es tradición en España que TVE se encuentre a la cabeza de los canales de televisión con mayor audiencia, sobre todo en la franja informativa. Parece como si una fuerza sobrenatural se apoderara del hombre español cuando se dispone a encender la televisión, y llevara su dedo, irremediablemente, a posarse sobre el número uno del mando a distancia. Si bien es cierto que parece estar muy extendida la idea de que el medio público está controlado por el partido en el poder, también lo es el alto grado de conformismo que se da a la hora de seleccionar lo que se quiere consumir. Una minoría es la que aún piensa que los medios públicos son plurales y neutrales, ajenos a cualquier ideología, sin embargo, se pasa por alto el intervencionismo estatal, tan incompatible con la auténtica democracia.

Si esta situación se encuadra en una sociedad que aún no es totalmente consciente de que el dinero de sus impuestos es suyo, y que la clase política es la administradora y en ningún caso su dueña, no puede sorprender que se pase por alto este tema. No se pone en tela de juicio que los ciudadanos estemos injustamente obligados a financiar unos medios públicos, no así a verlos o a escucharlos, pero sí a pagarlos. A cambio de nuestra aportación recibimos una información sesgada y manipulada. Los informativos y programas de entretenimiento más influyentes se caracterizan por su pobreza y falsedad. Desde fuera, el consumidor distingue apenas, o nada, la operación siniestra.

Este tema ya lo trató en profundidad Jean-François Revel en su obra El conocimiento inútil, publicada en 1988, pero que seguirá estando de actualidad mientras vivamos en sociedades disfrazadas de demócratas. ¿Cómo podemos actuar hasta tal punto contra nuestro propio interés? Cualquier democracia necesita de la verdad para mantenerse a flote, de lo contrario viviremos, y de hecho vivimos, inmersos en una gran farsa.

Es curioso ver como los medios de comunicación competentes y honrados sean tan escasos tanto en su número como en número de oyentes, lectores o espectadores. Es como si la Verdad encontrara constantemente barreras que le impiden llegar al ciudadano. Vivimos en la era de la comunicación, en un momento donde la información nunca ha sido tan abundante y de tan fácil acceso, sin embargo, se tiene la sensación de que la gran fuerza que domina el mundo es la mentira.